Hon Hai, también conocido como Foxconn, ha solicitado la ayuda de Apple para comprar la división de chips del conglomerado japonés Toshiba

Afirmar que la cadena de suministro de smartphones es complicada es algo que se da por hecho. Es el caso especialmente de Apple, que no fabrica ninguno de sus componentes. En su lugar, depende de compañías que no sólo dan suministro a sus rivales sino que también, como en el caso de Samsung, compiten con él de forma directa.

Ante la incapacidad de Apple para crear un nuevo hardware que revitalice su liderazgo, la dependencia de esos proveedores lo hace más vulnerable de lo normal a su éxito. Un enorme éxito del Galaxy S8 de Samsung, por ejemplo, implicaría que una mayor cantidad de esos pequeños componentes se destinase a productos propios, y que la compañía tuviese menos incentivos para mantener contento a Apple. Toshiba es el segundo productor de chips de memoria NAND por detrás de Samsung, y un importante proveedor para Apple. Colaborar con Hon Hai en una oferta por la división de semiconductores de Toshiba aseguraría el suministro de memorias flash.

Las motivaciones de Hon Hai son aún más claras. El año pasado, la compañía completó la compra de una participación mayoritaria en Sharp, otro conglomerado japonés en dificultades. Por medio de la operación, adquirió tecnología de pantallas avanzada, y ha tratado de recuperar el control de la marca de televisores de Sharp. Juntas, las dos firmas japonesas transformarían a Hon Hai, que pasaría de ser un ensamblador con bajos márgenes a convertirse en un fabricante de componentes y dueño de una marca.

Al precio discutido de 28.000 millones de dólares, el balance de Hon Hai pasaría de una caja neta de 10.000 millones de dólares a una deuda neta de 18.000 millones, el equivalente a algo más de dos veces los beneficios antes de intereses, impuestos, depreciación y amortización.

Es asumible. Pero si Apple contribuyese a financiar una oferta apenas vería afectadas sus reservas de efectivo de 240.000 millones de dólares